16º Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas

Posted by: Editor Intercambios Tags: There is no tags | Categories: Sin categoría

agosto
29

A salón colmado durante toda la jornada, se realizó la 16º edición de la Conferencia organizada por Intercambios AC.

Reivindicaciones a las estrategias de Reducción de Daños y a la Ley de Salud Mental; fuertes cuestionamientos a la militarización de la lucha contra el narcotráfico; políticas públicas con perspectiva de género y un llamado de atención sobre la medicalización de las mujeres; y el protagonismo de jóvenes y adolescentes para exponer sus ideas y preocupaciones, fueron los temas salientes de la 16° Conferencia Nacional sobre Políticas de Drogas organizada por Intercambios AC el pasado 24 de agosto en el Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación.

 

Panel de Apertura

 

La primera exposición correspondió a Silvia Pisano, Coordinadora de estrategias preventivas en el ámbito educativo de SEDRONAR quien afirmó: “Trabajamos desde la evidencia. El despliegue territorial es primordial para poder pensar desde los propios actores, con sus saberes. Tenemos que estar allí donde la necesidad existe, para atender esa gente que no va a llegar a la puerta de un consultorio”.

 

La funcionaria de SEDRONAR también sugirió que “pensar la prevención no se reduce solo al ámbito educativo. Estamos trabajando en contextos de nocturnidad donde el consumo está muy presente y en ámbitos laborales. Esto que genera un problema en el mundo del trabajo no merece ser castigado, sino que merece ser tratado. Implementar estrategias de prevención universal implica que hemos llegado con 170.000 materiales elaborados de forma pedagógica”.

 

“Estamos para implementar plenamente la Ley de Salud Mental”

 

Por su parte, Marcos Carini, integrante del equipo del Observatorio de la Dirección Nacional de Salud Mental y Adicciones reivindicó la Ley de Salud Mental y afirmó que “estamos para implementarla plenamente. El espíritu de la ley es la restitución de derechos de los sujetos, la accesibilidad a la salud de calidad, la información y la posibilidad de decidir. La Ley dio forma a algo que vemos desde hace mucho tiempo. La prohibición y el abstencionismo genera dispositivos expulsivos”. 

 

Además explicó que hay que “refuncionalizar el sistema de salud para una verdadera reivindicación de saberes disciplinarios, profundizando el trabajo interdisciplinar. Debemos evitar zigzagueos en las políticas públicas de salud mental y adicciones; muchos profesionales continúan desconociendo la ley de salud mental”, expresó.

 

“No nos agrada irrespetar la ley vigente”

 

Rossana Nermi Zappia es presidenta de la Asociación Cultural Jardín del Unicornio y cofundadora de Mujeres y Cannabis en Argentina (MyCA). Su organización desarrolla un interesante proyecto de cultivo colectivo y solidario. Su agudo testimonio dio voz a los miles de cultivadores de cannabis que día a día son injustamente perseguidos en nuestro país. “El acto de cultivar intenta alejarnos de la violencia criminal y estatal. Para ambos somos presas fáciles. Los grupos criminales nos roban nuestras cosechas y el Estado no nos ampara, solo tiene como respuesta estigmatización y persecución.  Estamos entre dos fuegos”.

 

Además, dejó en claro que “no nos agrada irrespetar la ley vigente, pero nos vemos en la necesidad de hacerlo, porque es una norma creada para el fracaso. ¿Cómo puede ser que se pretenda cuidar la salud pública a través de la persecución penal? ¿Acaso las personas usuarias del sistema de salud se las presiona para curarse o someterse a un proceso penal? Esto es lo que hace la ley 23.737. Consideramos todos los usos responsables de cannabis como terapéuticos y seguiremos promoviendo una legislación acorde”, concluyó la activista.

 

“Por una Reducción de Daños inserta en un proyecto despenalizador y emancipador”

 

En el cierre de la apertura, la presidenta de Intercambios AC Graciela Touzé, señaló que “llegamos a este encuentro con algunas preocupaciones. A ya casi tres años de haber asumido, el gobierno insiste en Argentina sin narcotráfico. Tras este objetivo se ha profundizado una estrategia de ocupación policial orientada a la intervención de las fuerzas de seguridad en barrios pobres, y a un mayor control territorial así como un involucramiento de las fuerzas armadas, que borra el límite entre seguridad y defensa. La conflictividad social se demoniza y pasa a ocupar un lugar destacado en la agenda discursiva en la que drogas, delincuentes y delito, se erigen como significantes vacíos que articulan el relato”.

 

También se pronunció “por una Reducción de Daños inserta en un proyecto despenalizador y emancipador, como lo hicimos hace un año junto con más de 100 organizaciones en un encuentro en Río de Janeiro, donde se insistió en que la Reducción de Daños es una herramienta potente de cuestionamiento de los modelos de control, implicando la afirmación y respeto por la libertad y autonomía de las personas que usan drogas”.

 

Panel “La importancia de una perspectiva de género en las políticas de drogas”

 

La construcción social de los géneros condiciona las prácticas y las representaciones. La desigualdad de género no es ajena a las políticas de drogas. Consumir drogas no tiene el mismo significado para hombres y mujeres, ni es valorado del mismo modo. Con estas premisas se desarrollaron las exposiciones del primer panel temático de la #16ConfeNacDrogas.

 

El puntapié inicial lo dio Mabel Burín, Directora del Programa Postdoctoral en Estudios de Género de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) quien hizo hincapié en los estereotipos de género que se inscriben desde muy temprana infancia, en la familia, en la escuela, en las políticas públicas. “Hay un dato que muestra que los estados depresivos afectan mayormente a las mujeres. Por eso es necesario estudiar las condiciones de las mujeres, la maternidad, la femineidad, las condiciones de trabajos en la casa. Cabe preguntarse si estos problemas responden a las condiciones de vida de las mujeres. Estudios de muchos países muestran que las mujeres consumen el doble de psicofármacos que los varones. Esta es la forma específicamente femenina de drogarse”, afirmó.

 

“La ansiedad, la depresión, los trastornos de sueño, son situaciones cada vez mas medicalizadas en el sistema de salud. Y las mujeres mismas han internalizado el estereotipo de su fragilidad; tanto varones como mujeres tenemos predisposición a pensar en sentido patriarcal. Las mujeres son invisibilizadas mediante estos tipos de silenciamientos. Se deben desarrollar políticas asistenciales que no se reduzcan a tratar la patología. Tenemos que generar recursos más variados para gestionar su malestar”, propuso la académica.

 

“Existen agentes que ejercen un control sobre el deseo, los cuerpos y las practicas de las mujeres”.

 

Luego fue el turno de la Doctora Jimena Parga, docente de grado de la Universidad Nacional de La Plata y Coordinadora del Área de Investigación de la Fundación CITIDAD, quien partió de las necesidades de los y las usuarias de drogas, presentando algunos hallazgos a través de diez años de relevamientos en dispositivos terapéuticos en la Provincia de Buenos Aires. “Existen agentes que ejercen un control sobre el deseo, los cuerpos y las practicas de las mujeres, que se desarrollan y se reproducen en la familia, el sistema de salud y el poder judicial.  Hay cinco puntos donde se identifican estas formas de poder. El primero es la invisibilización de la mujer en el tratamiento por consumo de drogas. No se hace un abordaje diferenciado, se reproducen los modelos de atención que están dirigidos a los usuarios que más consultan a los centros. El segundo, opuestamente al anterior, es la visibilización y culpabilización cuando las consumidoras son madres, y se construyen estereotipos de buenas y malas madres. Otro punto es el consumo de las mujeres jóvenes, que con una mirada adulto-céntrica se liga al descuido y al descontrol. Otro fenómeno es la masculinización de las prácticas femeninas. El acceso a sustancias implica también nuevas formas de desigualdad, en las cuales las mujeres son expuestas a humillaciones, abusos y maltratos. Necesitamos repensar las políticas donde se piense a las mujeres en términos de autonomía y ciudadanía”, concluyó.

 

“Ahora que sí nos ven”

 

Por último, María Pía Pawlowicz, Coordinadora del área de Investigación de Intercambios AC y docente investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad Nacional de Moreno, propuso en su exposición aunar las luchas de la legalización del aborto y del antiprohibicionismo. “El debate actual genera una oportunidad. Las exposiciones de diputados y senadores que escuchamos en los últimos tiempos se parecen mucho a los argumentos a favor y en contra de la legalización del consumo de drogas. Hay varios puntos de contacto; el derecho a decidir sobre el propio cuerpo; la no negación de la dimensión del placer; la problematización de la posición de los profesionales de la salud; la exigencia a los Estados de dar oportunidades y el cuestionamiento a la medicina occidental y a la implementación de políticas que se vinculen a la perspectiva de género. Partimos de reconocer que hay realidades que existen, y abordarlas desde los derechos humanos, evitando situaciones humillantes y vergonzantes”.

 

Luego se refirió al consumo de sustancias en las mujeres. “Estamos pudiendo armar una red para abordar estas cuestiones. Encontramos muchas situaciones que se repiten; la medicalización del malestar de las mujeres; menor acceso a tratamientos; y mayor rechazo y condena. Más ocultamiento, más culpa y más vergüenza. Por otro lado, la violencia sexual en relación a la nocturnidad y el consumo de sustancias.

En los relatos, aparecen muchas situaciones de mujeres abusadas sólo por estar borrachas. Lo cual se desarrolla en un clima de total impunidad. Responsabiliza a las mujeres y no a los varones. Y las mujeres son más deslegitimadas cuando la violación se da acompañada del consumo de drogas. La idealización de la maternidad como destino único también opera en todo esto. También los discursos esencialistas; pensar que las mujeres tenemos una esencia femenina. La idealización de la maternidad produce estigmatización, que restringe el derecho de las mujeres de recibir acompañamiento ante una situación de consumo”. Por último, planteó “reforzar fuerzas articulando con el movimiento feminista, sumándonos a este movimiento verde del Ahora que sí nos ven”.

 

Ofició de discutidora, Malena Lenta, profesora de la carrera de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y moderó el panel Diana Rossi, integrante del Área de Investigación de Intercambios AC.

 

Panel “Militarización y políticas de mano dura en la lucha contra el narcotráfico”

 

El segundo panel temático de la #16ConfeNacDrogas dejó fuertes críticas a la militarización y al concepto de lucha contra el narcotráfico.

 

Introdujo el debate el abogado Alejandro Corda, integrante del Área de Investigación de Intercambios AC, quien analizó la reforma del código penal y cómo afectaría particularmente los delitos de drogas. “En líneas generales el proyecto aumenta penas y restringe algunos derechos, como condenas en suspenso y libertad condicional, que afectan también a los delitos de drogas. Aunque también contempla un supuesto de atenuación ‘extraordinaria’ a la hora de determinar la pena que permitiría imponer penas por debajo de los mínimos. También incluye un supuesto de tratamiento compulsivo para personas con adicción, (no solo a estupefacientes), cuando comentan delito “bajo sus efectos o reconducible a su adicción”.

 

Además explicó que en el nuevo código “los delitos de tráfico de estupefacientes de los actores menores (ventas minoristas y pequeños contrabandos, lo que afecta a las llamadas mulas) se agravan, pasando el mínimo de 4 a 5 años de prisión, y 6 años en caso de venta de pasta base de cocaína. Las conductas de usuarios y cultivadores se mantienen casi iguales, con un agregado que permitiría no considerarlo delito cuando no hubiere trascendido el ámbito de privacidad. Pero seguiría existiendo la posibilidad de tenencias y cultivos para consumo que trasciendan el ámbito de privacidad para las cuales se prevé las mismas penas y medidas de seguridad (curativa y educativa), desconociendo los avances en materia de salud mental”.

 

A continuación, Paula Litvachky, Directora del área Justicia y Seguridad del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), sostuvo que “el proceso de militarización se suma a la doctrina que, ante la ausencia de conflictos bélicos, sostiene que las principales amenazas a la estabilidad de los Estados del continente americano provienen de algunas actividades de criminalidad organizada transnacional, como el terrorismo y el narcotráfico. Y, además, asegura que estos fenómenos se deben confrontar con un ejército. En la práctica, sin embargo, esta estrategia de militarización ha resultado un fracaso y en la Argentina es una alternativa innecesaria y hasta peligrosa. Las dos amenazas que para el gobierno actual justifican incrementar el margen de acción del ejército no tienen una dimensión significativa en el país. Los argumentos que utilizan para justificar la militarización, como la preocupación social por la inseguridad; o que las policías se ven sobrepasadas en sus capacidades operativas o que las fuerzas armadas son ociosas, demuestran que no hay un diagnóstico, o hay un diagnóstico carente de evidencia”.

 

“No decimos que no exista un problema con temas de narcotráfico -aclaró la especialista del CELS-, sino que las respuestas que están dando no están asociadas a un diagnostico que permita entrar en dialogo y evaluar la eficacia de esa intervención. La reforma elimina obstáculos para una intervención militar más amplia ante agresiones externas que no sean de ejércitos de otros Estados. Eso significa que cualquier agresión que se interprete que ataca a la soberanía nacional y la integridad territorial puede ser considerada una acción que justifique la intervención militar”, afirmó.

 

“Hay funcionarios que tienen pasión por las cifras de incautaciones”.

 

Luego fue el turno de Mariana Souto, Coordinadora del Grupo de Estudio en Prevención y Control del Narcotráfico del Instituto Latinoamericano de Seguridad y Democracia (ILSED) quien señaló que la militarización y el endurecimiento de penas “son posibles cuando hay una gestión de políticas de drogas que carecen de evidencia. Están basadas en números míticos y dogmas. Las políticas públicas de narcotráfico de Argentina no tienen en cuenta las transformaciones que sufrió el narcotráfico en los últimos 15 años. Las cadenas de distribución se fueron consolidando, generando algunas dimensiones territoriales. No hay estimaciones sobre la dimensión del mercado ilícito, los datos que hay tienen serios problemas metodológicos. Esto es grave. No se evalúa el impacto de las políticas que se implementan”.

 

“Se usan indicadores erróneos ¾enfatizó Souto¾.  Hay funcionarios que tienen pasión por las cifras de incautaciones. Otro indicador equivocado es donde y qué tipo de sustancia se incauta. Se argumenta que a más incautaciones es menos droga para los consumidores, pero las cantidades consumidas superan ampliamente en proporción a las cantidades incautadas. Además no registra que el impacto en términos de riesgos para las organizaciones criminales es bajo, porque está enfocado en la cadena de distribución, donde los eslabones son altamente reemplazables. Y los importadores, que no son más que transportistas, también son fácilmente reemplazables. Esto tiene un gran costo humano  y no es efectivo. Estamos ante una verdad muy incómoda. La alternativa es la regulación de mercados. Requiere de diagnósticos, evaluación, mano de obra especializada. Hay que trabajar mucho”, resumió.

 

Posteriormente, Ariel Cejas Meliare, Procurador Penitenciario Adjunto de la Nación expuso algunos de los efectos de la lucha contra el narcotráfico. “Argentina no sabe el número real de detenidos que hay. Hay una tendencia hoy por hoy de atacar al consumo, a la tenencia simple. Quiero destacar la superpoblación carcelaria. Ya se están implementando dos personas por celda. Tenemos que darnos la discusión de cuanta gente está presa y hacer una diferenciación de los delitos, con proporcionalidad de las penas y la despenalización del consumo. Otras reformas posibles son la eliminación de la prisión preventiva y la consideración de indultos y amnistías”, propuso el funcionario.

 

“Hay una profunda convicción ideológica por un modelo de exclusión social que va a necesitar un fuerte control social”.

 

El panel tuvo como discutidor de lujo al Profesor Plenario del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian,  quien explicó que “al centrarse en cómo aumentar la punición, se niega la urgencia de tres reformas: la del sistema judicial, la de la policía y de la inteligencia. Éstas son necesarias para reducir y aminorar el problema. Mientras nos detenemos en códigos, hay cosas que quedan por fuera del debate”. 

 

Tokatlian explicó que “hay una cuestión de principios y políticas a transformar; el espíritu prohibicionista punitivo basado en erradicar fenómenos, se podría cambiar por un enfoque de reducir, contener, regular problema de las drogas. Existe una confianza en la eficacia simbólica del derecho: penalicemos que algún día lograremos algo. Se necesitan políticas efectivas públicas que aborden la contradicción detrás del fenómeno de drogas. Preguntarse cómo proteger a los más vulnerables. Hay que buscar políticas en otros ámbitos que tengan efectos en la disminución del consumo; las políticas preventivas son mucho más eficaces que las disuasivas”.

 

Luego se refirió a esta nueva fase con el involucramiento de las Fuerzas Armadas. “Podemos advertir consecuencias alarmantes. Traducir la demanda social por la inseguridad en una necesidad de involucrar a los militares no es un argumento satisfactorio. Tampoco que lo hayan pedido las fuerzas armadas o que exista un acuerdo electoral entre los militares y Macri. ¿Hay una exigencia de Estados Unidos? Puede incidir, pero no creo que sea determinante. Me parece que el tema tiene que ver con el conjunto de valores. Hay una conveniencia de llevar a cabo una guerra contra las drogas. Hay una profunda convicción ideológica por un modelo de exclusión social que va a necesitar un fuerte control social”, afirmó Tokatlian.

 

“Tenemos mucha mejor evidencia que la que manejan los funcionarios políticos, pero hay una coalición prohibicionista que quiere esto. No importa que tengamos los mejores argumentos. Es parte de una disputa política que va a requerir una gran masa reformista que pueda plantear poner al sujeto en el centro y no a la sustancias. Apostar a nuevas ideas, al ensayo y error, a intentar cosas distintas. Poniéndolas como tentativas, preliminares, pero mucho más humanas que las que sostienen”, concluyó.

 

Panel “Desafíos de la intervención desde y con jóvenes”

 

El último panel de la #16ConfeNacDrogas puso en debate cómo pensar las intervenciones desde y con los jóvenes. Los jóvenes son potenciales agentes de cambio y es un tema que Intercambios AC viene trabajando fuertemente con programas de intervención y talleres y capacitaciones en todo el país.

 

La primera exposición estuvo a cargo de Sebastián Urquiza, Antropólogo, Director de la Escuela Especial 516 de la Matanza. “Nuestro modo de intervención con los jóvenes va en dirección a la autonomía de pensamiento, porque existe un mandato de trabajar sobre los futuros, los destinos, dónde va a trabajar…. No se trabaja autonomía sino independencia entendida desde el hacer… Mientras estén ubicados en algún lugar, con eso ya estaríamos. Con que sepa algo para que se las pueda arreglar en la vida… Es muchas veces la posición para pensar en los jóvenes. Nosotros tratamos de pensar autonomía, desde el pensamiento y la acción, darles herramientas para un buen presente y que el futuro lo puedan ir definiendo ellos”.

 

“Muchas veces se simplifican como demandas punitivas lo que tiene que ver con otras cuestiones de conflictividad complejas”

 

Luego fue el momento de Joaquin Zajac y Vanesa Salgado, del Observatorio sobre Adolescentes y Jóvenes en relación a las agencias de control social penal. “Ponemos la centralidad en el Estado” -explicó Vanesa-, miramos qué despliegan las agencias sobre los jóvenes, como principales productores de subjetividad”.  Además, se refirió a cómo “los medios masivos de comunicación hablan sobre los jóvenes, vinculados al peligro, al riesgo, para sí o para terceros. Aparecen en notas vinculadas a las adicciones, al consumo de sustancias. En riesgo para terceros, aparece el joven pobre vinculado al delito. Son miradas sesgadas de acuerdo a que jóvenes se trata. No se da el mismo tratamiento al joven del auto importado que mata a alguien, que a un joven que maneja un arma”, afirmó.

 

“Otra mirada es la del joven y el mérito. Se impone la idea de que los derechos se merecen, quien se porte mejor llega a una instancia que otro no, porque merece menos. Desde el Estado se esconde la obligación que es proteger derechos de todos los jóvenes;

y se da una hibridación entre políticas públicas sociales y políticas públicas penales que permite habilitar componentes cada vez mas punitivos de la política social”.

 

“Hay persistencia de necro-política del Estado en relación a los jóvenes -afirmó Joaquin Zajac, viene de la década del 70; con la misma lógica que está detrás de persecución por drogas, averiguación de antecedentes, o que ahora justifica que un policía mate por la espalda”.

 

“Muchas veces se simplifican como demandas punitivas lo que tiene que ver con otras cuestiones de conflictividad complejas. Entonces el gasto en Seguridad sube y en Niñez baja. Y las fuerzas que intervienen terminan gestionando conflictos para los cuales no están preparadas. Y lo que termina siendo permanente en los barrios son los dispositivos de punición”.

 

Luego el joven Emir Gancio, contó su experiencia primero como participante y ahora como Promotor del dispositivo NTSZ  de Intercambios AC y el Colegio La Salle de González Catán. “Ahora soy parte del equipo, hago radio, hago centro de escucha. Hace 8 años que estoy en el dispositivo. Los pibes como que con los adultos se sienten más zarpados”, dijo con una frescura que cautivó al público. “Ser referente me cambió, porque los pibes son mas dados conmigo como referente. Yo llevo un montón de pibes porque sé que no hay acompañamiento como tuve yo. Para el adulto también es difícil acompañar a un pibe… los transas manejan mas el barrio que las agrupaciones políticas”, contó Emir y finalizó con “una frase que siempre decimos con los pibes: dennos un lugar y les vamos a mostrar las maravillas que somos capaces de hacer”.

 

“Hay dos lados, o la juventud que es el futuro o la juventud sin futuro. Pero nunca podemos tener vocación de presente”

 

Luego fue el momento de Ofelia Fernández, Ex Presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Carlos Pellegrini. “Me forman en el colegio creyendo que vos sos la futura empresaria ¾cuestionó¾; en primer lugar hay realidades diferentes a las nuestras y a las que nos presenta esta realidad educativa. Me reconozco en las luchas, en la Reforma del 18, en los jóvenes del Cordobazo, en los que desapareció la dictadura. No creo en la esperanza, creo en la fuerza”.

 

“Tenemos que pensar en la organización, en tiempos de neoliberalismo, de indiferencia, del más puro individualismo. La realidad es un paisaje que nos presentan. La organización se presenta como algo dispuesto a transformar”. Nos plantean una educación que ahoga el pensamiento crítico, ahoga muchas cosas. Podemos plantearnos construir lo opuesto desde lo colectivo. La juventud es esencialmente rebelde, el individualismo penetra pero se encuentran esos puntos de rebeldía”, destacó la estudiante.

 

“Pensar la construcción de alternativas es con las lógicas opuestas. Pensarnos como colectivo, no como individuos. Erradicar lógicas a partir de construir diferentes. Hay dos lados, o la juventud que es el futuro o la juventud sin futuro. Pero nunca podemos tener vocación de presente. Llego la hora de poder asignarnos la condición de presente. Aquí estamos construyendo una sociedad diferente. Espero que triunfemos, creo que vamos a triunfar porque estamos militando cada día para ello”, finalizó.

 

“Poner en suspenso nuestras convicciones del mundo adulto”

 

La última exposición fue de Jorgelina Di Iorio, Coordinadora del Área de Intervención de Intercambios AC y docente investigadora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, quien cuestionó los enfoques adulto-céntricos que en el campo de las intervenciones sobre usos de drogas con jóvenes se expresan en 3 aspectos: “la definición sobre qué es lo problemático en relación con los consumos; la inoperancia de las intervenciones que radican en los no y desconocen los sí, ajenos a los modos en que adolescentes y jóvenes piensan sus propios consumos; y el reconocimiento de que los espacios de encuentro entre adultos y jóvenes son un campo de disputa de sentidos.”

 

“¿Cómo aumentar cuidados en los jóvenes pero sin que se sientan zarpados, es decir, sin que sientan que no los estamos reconociendo en su diversidad, en sus experiencias, en su propio registro?, ¿Cómo construir una contra-pedagogía que piense a los pibes y pibas en el presente, en un hoy y no como aquello que está por venir? -preguntó Di Iorio-. Propongo construir una pedagogía de la presencia-ausencia todo junto, es decir, que navegue entre la autonomía y la heteronomía, reconociendo que les adultos necesitamos problematizar el modo en que acompañamos a adolescentes y jóvenes”, manifestó.

Luego propuso tres ejes o aproximaciones: “Reinterpretar la idea de riesgo, estar disponibles más que preparados y reconocer el espacio-tiempo de las excusas-perfectas”.

 

En relación con la lectura más tradicional que piensa en términos de riesgos y cuidados, Di Iorio enunció las distancias entre lo que los jóvenes y los adultos entienden por riesgo en relación con los consumos, producto de lo que Intercambios AC viene trabajando en talleres y foros con adolescentes en distintos lugares del país: “Debemos abandonar los enfoques binarios, para pensar en términos de riesgos-cuidados-beneficios. Beneficios tiene que ver con la dimensión de los efectos deseados, que no se reducen a efectos químicos, sino sociales, de relación” En este aspecto, Di Iorio hizo referencia al riesgo a no ser parte, e incluso en contextos de mayor vulnerabilidad, las tensiones que generan ciertas prácticas en clave de subsistencia o de generar ingresos: “Cualquier situación es una oportunidad para hablar sobre determinados temas. Debemos interrumpir ese orden mas moralizante”, sugirió.

 

Por último, brindó claves o pistas para la intervención: “Escuchar, distinguir, involucrarse. Poner en suspenso nuestras convicciones del mundo adulto, subvertir las lógicas de construcción de conocimientos. Aprovechar el imprevisto. El principio de esta pedagogía es un anti principio: un principio que obliga a estar cambiando de principios al orientarse las intervenciones por el deseo más que por la moral”, propuso.

 

Moderó el panel Paula Goltzman, integrante del Área de Intervención de Intercambios AC.

Comments are closed.