Reforma militar: La irresponsabilidad de jugar con fuego

(Buenos Aires, 26 de julio de 2018) Tras la oficialización de la reforma militar que permitirá que las Fuerzas Armadas sean empleadas “ante cualquier otra forma de agresión externa”, incluyendo la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, desde Intercambios AC, queremos manifestar nuestra profunda preocupación.

Preocupa que el gobierno siga apostando a un camino que ha demostrado su rotundo fracaso en países como México, Colombia y Brasil, con el consabido resultado de innumerables violaciones a los derechos humanos, una descontrolada espiral de violencia y el aumento de la corrupción, entre otros.

El consenso de la “guerra contra las drogas” está globalmente fragmentado y seriamente cuestionado en nuestra región, con países que intentan implementar nuevos enfoques basados en la salud pública, la regulación del mercado de sustancias y los derechos humanos.

Preocupa el grado de improvisación con que se adoptan medidas tan trascendentales. No se comprende sobre qué diagnóstico el gobierno toma esta determinación. Si se trata de darle sentido a las fuerzas armadas, existen modelos de profesionalización y modernización que no conllevarían la intromisión de las fuerzas en asuntos de seguridad interior. 

Preocupan las consecuencias que estos cambios puedan tener para la sociedad y la calidad del sistema democrático. Las Fuerzas Armadas tienen la lógica de acumular la máxima fuerza posible a fin de destruir al enemigo, poniendo énfasis en la jerarquía, la disciplina, la lealtad y el hermetismo. No se encuentran preparadas para negociar y carecen de acercamiento con la población. La experiencia de otros países demuestra que muchos de los procedimientos militares operan en barrios populares o en zonas habitadas por comunidades originarias, lo que termina poniendo en riesgo a sectores de extrema vulnerabilidad.

En resumen, teniendo en cuenta que la prioridad del gobierno debe ser la protección de la población, resulta evidente que esta medida genera la franca posibilidad de conseguir el efecto contrario. Hay evidencia de sobra en experiencias cercanas, para creer que el gobierno está jugando irresponsablemente con fuego.